Gone…
Le noto un cierto acento italiano, o tal vez hable con desgana, lentamente desmenuza las palabras, con desidia. Su forma de hablar en general dulce, aunque de vez en cuando deja entrever una arista.
– La larga noche… la negra noche…cuando nuestros cuerpos permanecen tendidos, entonces ya no estás a mi lado, nos refugiamos en nuestros propios egoísmos y estamos solos, me comprendes, solos…
Calló, sé que no necesita que le respondan, prefiere oírse a si mismo…
– Si, como te decía, entonces, por la noche sólo estamos con nosotros mismos. A mí… a mí me gustaría poder fundirme en tu sueño, no abandonarte ni dejar que me abandones…
Le escucho sin pasión, me parece interesante, pero mis defensas no sucumben ante ejercicios de demagogia o pena calculada.
– Pero no sé porqué te digo todo esto… Ya me has dicho que no me quieres. No me quieres… ¿Qué sentido tiene todo esto?
Jugueteo con su pelo y miro a otra parte. En mi mente, me veo fuera de la habitación. De hecho ya tendría que haberme ido. Aún así, jugueteo con su pelo y sigo allí.
– Pero yo nunca te dije que te quisiera…
Asiento con un leve gesto de aprobación, cada vez me aburre más.
– Y yo no te…
Silencio
P.D.: Poco después ya me he ido, siento que todo es más liviano a medida que me alejo de él, de su casa, de su barrio, de su vida…