Libro de Almohada 11. A veces pienso en el ritmo tan acelerado…

Julio 6, 2006 at 22:42 (Libro de Almohada)

A veces pienso en el ritmo tan acelerado que le damos a la vida y como nuestros cuerpos se acaban resintiendo de nuestros desmanes. Creo que para lo que hacemos, demasiado poco se quejan… Pobrecillos… Pero a veces nos juegan muy malas pasadas y nos dejan tirados en medio de la acción.

Entonces estamos incapacitados para seguir pero obligados a ello… Curioso… A veces parece que sólo podemos dejarnos llevar y tratar de hacerlo lo mejor posible, dejar las cuestiones no vitales, aferrarnos a algo y seguir adelante sin pensar y sin sentir, ni ver, como si de repente a nuestro alrededor se hubiera conjurado una tormenta de arena que nos lacera sin pudor y hace que no sepamos muy bien donde estamos, adonde vamos y si realmente tiene sentido exponerse a las inclemencias y a los elementos.

¡Pero cuan ciego es nuestro instinto de supervivencia, que aún ciegos, magullados y atontados no guía! Nosotros obsesionados con la velocidad y nuestro cuerpo recomponiéndose de y a base de pedazos, nuestros, prestados, reparados o rotos, de saldo… ¡Pero qué dolor cuando nuestras fuerzas no son nuestras y nuestro propio cuerpo saca los banderines blancos para preparar la rendición! ¡Sólo la voluntad, dura generala, puede hacer volver a todos los soldados heridos, tristes, tumefactos a sus puestos y hacer que volvamos a ser personas (o algo parecido).

Permalink 5 comentarios

Libro de Almohada 10. Durante el sexto y el séptimo mes mis obligaciones…

Julio 6, 2006 at 22:26 (Libro de Almohada)

Durante el sexto y el séptimo mes mis obligaciones aumentan exponencialmente, ya que además de seguir con todas mis obligaciones, tengo que dedicar muchas horas al estudio. El segundo y el sexto mes son los meses más ocupados del año y siempre deseo que pasen rápidamente.

Si bien el sexto mes pude realizar todas mis tareas y obtener unos frutos bastante gratificantes, el comienzo del séptimo mes fue muy fatigoso, pues unas fiebres me asaltaron sin previo aviso. Y al no poder eludir mis obligaciones, he tenido que seguir haciéndolas, aún a sabiendas de que más me valdría haber estado en cama y dejando que me cuidasen.

¡Qué insulsas e incluso molestas son nuestras ocupaciones cuando no podemos realizarlas en plenitud de facultades! ¡Ni siquiera aquellas cosas que hacemos por gusto logran reportarnos placer y cuan rápido se vuelven un engorro!

Permalink 2 comentarios