Ubi sunt?
Cartas a amates perdidos olvidados, amados, consentidos, mimados, adorados, repudiados, perdidos… Sí, perdidos para siempre, escondidos en mi memoria, sin ningún deseo o amor que nos enfrente, sin amor, sin odio, sólo olvido…
Habéis disfrutado conmigo como yo con vosotros. ¡Qué copas de vino apuramos! ¡Cuantas promesas de amor eterno gastamos! ¡Cuán desproporcionados fueron nuestros actos!
Y ahora… ¿Ubi sunt? Perdidos, desperdigados, trazando sus propias intrahistorias. Sin idea de volver, remota idea el volver a veros, y si pasa acaba con miradas a otro lado. Siempre es así, ¿témenos miedo a caer presas de la mirada? Si quemadas las naves ya no hay vuelta atrás, silencio y olvido y condescendencia…
Os quise, os vi atractivos, goce y os hice gozar, sí, o al menos lo intente. No os reprocho nada, yo también amé y olvide, o directamente os ignoré.
A veces me elevo en mil volteretas y ceo cadenas de sentimientos, de deseos de historias, actuales o retrospectivas. Todos buscando como locos la dorada manzana del deseo, corriendo de un lado a otro.
Y grito para oír mi voz y ver si alguien contesta, las sombras del pasado se arremolinan, pero siempre hay un trozo de presente que me saca de mis abstracciones… Tanto por hacer tanto… por vivir… Imposible parar la rueda.
Así a veces seré amado, sentire el rechazado o el olvidado, amaré, rechazaré, olvidaré y alternativamente pasaré por los engranajes del amor, con la corona imperial o como los indigentes que piden sonrisas de complicidad.
La vida crece
A veces hablo, alto y fuerte y otras me callo. La vida al otro lado de la pantalla está creciendo exponencialmente. Cada día me resulta más gravoso lograr pararme delante de un ordenador y escribir.
Pero sigo aquí, ok? Sigo aquí, por mí, por vosotros, por todo. Así que ya os contaré todo lo que está pasando, tan pronto pueda sentarme y escribirlo.
Besos
Amor y aprendizaje
Creo que sólo podemos aprender por amor a lo que tratamos de aprender o para tratar de ser amados por lo que sabemos. Me parece que es la única manera por la cual logramos aprehender los conocimientos.
Sin amor no hay verdadero conocimiento, sólo hay datos que tarde o temprano olvidaremos, cosas que carecen por completo de significado para nosotros y son una carga más con lo que decidimos cargar.
Cuando tratamos de aprender así todos nuestros esfuerzos resultan estériles y sólo consiguen que odiemos aquello que tratamos de memorizar, que aprender y mucho menos aprehender en lo más intimo de nuestro ser.
Así pues, mi mejor consejo es amar, tiernamente, cruelmente, dulcemente o como nos de la gana aquello que debamos aprender. Pues de no ser así veremos como todo aquello que tratemos de meter en nuestras cabezas, a fuerza de lecturas interminables, puede que se quede un tiempo con nosotros, pero tarde o temprano ira cayendo, como agua que se filtra entre nuestros dedos. Únicamente aquellos conocimientos fijados por medio del amor podrán prender en nosotros y darnos una base donde seguir asentando nuestro conocimiento.
Libera me domine…
| Libera me Domine de morte aeterna, in die illa tremenda quando coeli movendi sunt et terra dum veneris, judicare saeculum per ignem Tremens factus sum ego, et timeo, dum discussio venerit, atque ventura ira dies illa,dies irae, calamitatis et miseria |
Líbrame Señor de la muerte eterna, en ese día temible cuando se muevan los cielos y la tierra y vendrán a juzgar al mundo por el fuego. Lleno de terror estoy y temo el juicio y la ira, que vendrán los días de la ira, calamidad y miseria |
Gone…
Le noto un cierto acento italiano, o tal vez hable con desgana, lentamente desmenuza las palabras, con desidia. Su forma de hablar en general dulce, aunque de vez en cuando deja entrever una arista.
– La larga noche… la negra noche…cuando nuestros cuerpos permanecen tendidos, entonces ya no estás a mi lado, nos refugiamos en nuestros propios egoísmos y estamos solos, me comprendes, solos…
Calló, sé que no necesita que le respondan, prefiere oírse a si mismo…
– Si, como te decía, entonces, por la noche sólo estamos con nosotros mismos. A mí… a mí me gustaría poder fundirme en tu sueño, no abandonarte ni dejar que me abandones…
Le escucho sin pasión, me parece interesante, pero mis defensas no sucumben ante ejercicios de demagogia o pena calculada.
– Pero no sé porqué te digo todo esto… Ya me has dicho que no me quieres. No me quieres… ¿Qué sentido tiene todo esto?
Jugueteo con su pelo y miro a otra parte. En mi mente, me veo fuera de la habitación. De hecho ya tendría que haberme ido. Aún así, jugueteo con su pelo y sigo allí.
– Pero yo nunca te dije que te quisiera…
Asiento con un leve gesto de aprobación, cada vez me aburre más.
– Y yo no te…
Silencio
P.D.: Poco después ya me he ido, siento que todo es más liviano a medida que me alejo de él, de su casa, de su barrio, de su vida…
Escribo…
Escribo para dar salida a lo que siento, para plasmar con palabras todo aquello que me ha sucedido, para fijarla en un soporte la memoria antes de perderla definitivamente, antes de que la nieve del tiempo lo borre todo.
Escribo porque no creo que tenga razón muchas veces, porque soy incapaz de aprehender toda la realidad y porqué en fondo sé que me equivoco. En el fondo, deseo que mis palabras sean puestas en tela de juicio, criticadas y así contrastar mi visión con la de los otros.
Escribo porque tengo dudas y a veces la luz de los demás aclara las propias incertidumbres. También lo hago para aprender a expresarme mejor, para plantearme dudas, para tratar de asomarme al abismo de mi propia individualidad y tratar de mirar más lejos.
Y a veces sólo escribo para justificar porqué escribo…
Kids
Escucho a Robbie Williams y comienzo a pensar en todos nosotros. No nos parecemos ni a nuestros padres y que decir de nuestros abuelos. Parece que vivimos una adolescencia dorada de la que no pensamos salir. Somos simpáticos, alegres, sin demasiados complejos, sabemos divertirnos, salimos sin pudor a comer, a cenar, a tomar unas copas… Gastamos lo que tenemos y siempre estamos un pelín entrampados. Ya no somos unas hormiguitas que guardan cada peseta pensando en pasado mañana y en el futuro de nuestros hijos.
Ahora es posible ser mayor sin ser viejo. Las diferencias son menos visibles entre la gente que pasa la treintena y los veinteañeros. Todo parece estirarse como chicle. No es raro llegar a la treintena viviendo con papa y mama, abusando de los excelentes servicios hoteleros que estos nos brindan. ¿Será el síndrome de Peter Pan una pandemia generacional? ¿Será sólo una cuestión económica?…
Desde luego no engrosaremos las filas de sexagenarios cuyo máximo disfrute es observar la ejecución de las obras. Podremos seguir viendo a exposiciones, disfrutar de la comida thai o simplemente seguir jugando a juegos de rol con nuestros amigos. Seguiremos buscando nuevas formas de comunicarnos y siguiendo cada revolución tecnológica que se presente. Todo esto está muy bien, pero a veces creo que hemos perdido algo, y no sé muy bien que es… ¿Será la conciencia política, o tal vez el sentido de responsabilidad? No lo sé, pero algo está pasando…
De ciudades invisibles, olvidadas, inventadas…
Aún resuenan en nuestra memoria nombres de míticas urbes, envueltas en las entretelas del tiempo y la leyenda. Ciudades con exóticos nombres de mujer, fruto y mayor exponte de grandes civilizaciones hoy olvidadas; caprichos de la vanidad humana, en la que el hombre podía ser realmente hombre; donde el lujo, la miseria, la exquisitez y lo más chabacano se mezclaba sin mancharse mutuamente.
Allí y sólo allí, se podía ser tan libre que las mentes bienpensantes de hoy en día no dudarían en renegar de todo ello, por miedo, sí, por miedo y por vergüenza. Ahora ya no hay libertades, al menos no tan altas. Vivir, disfrutar y morir era más sencillo, nadie censuraba la vestimenta del otro, nadie se molestaba en mantener una imagen pública de aburrida beatitud, los lupanares no eran lugares oscuros y rodeados de sombras.
Pero ahora son sólo evocadoras sombras del pasado.En nombre de ciegos y despiadados dioses, temerosos del la verdadera deidad del mismo hombre, fueron destruidas.
¿Volverán nuestros ojos a deleitarse con los jardines flotantes de Babilonia? ¿Intentaremos una vez más ser superiores a los dioses que nos hemos inventado?
Libro de Almohada 12. Otra de las cosas que ha hecho que el séptimo mes…
Otra de las cosas que ha hecho que el séptimo mes haya sido mucho más movido de lo que en principio debía de ser, tiene que ver con aquel amante del que ya os he hablado.
No contento con desdeñarme lanzó duras acusaciones contra mí, hasta el punto que para salvaguardar mi honor y no sentir que me tomaba el pelo le propuse muchas veces que hablásemos de todo lo que había pasado y sus repercusiones, y tomó esto como una afrenta.
Llegados a este punto y para entender mejor todo esto, he de decir que si bien nuestras ocupaciones son diametralmente opuestas, muchas veces nos vemos casi obligados a cruzarnos en el desarrollo de nuestras labores profesionales. Ello hacía bastante molesto los encuentros. No porque fueran rudos y desmadejados sino porque pese a sus funestas declaraciones aún se dirigía a mí aparentando que no pasaba nada. Por ello, le solicite una charla en privado para poder dejar zanjado el tema y poder comportarnos con naturalidad, sin aprecio ni desprecio, otra vez.
Ante su falta de interés y mi necesidad de poner las cosas en su sitio, al final acabo enviándome un papelito para quedar, pero con tantos insultos velados que mi respuesta fue negarle la palabra.
¡Qué bueno es el tiempo para poner las cosas en su sitio! Pues ahora cuando me ve, aparta la mirada y se pone rojo como un tomate! ¡Yo sin embargo puedo ir con la frente muy alta y mirar a quien quiera! ¡Qué necesario era quemar todas las naves y no aferrarse al odio!
De momento la torta que debía haber explotado en su cara sigue en la palma de mi mano, pica menos, pero ojo, aún pica…
Libro de Almohada 11. A veces pienso en el ritmo tan acelerado…
A veces pienso en el ritmo tan acelerado que le damos a la vida y como nuestros cuerpos se acaban resintiendo de nuestros desmanes. Creo que para lo que hacemos, demasiado poco se quejan… Pobrecillos… Pero a veces nos juegan muy malas pasadas y nos dejan tirados en medio de la acción.
Entonces estamos incapacitados para seguir pero obligados a ello… Curioso… A veces parece que sólo podemos dejarnos llevar y tratar de hacerlo lo mejor posible, dejar las cuestiones no vitales, aferrarnos a algo y seguir adelante sin pensar y sin sentir, ni ver, como si de repente a nuestro alrededor se hubiera conjurado una tormenta de arena que nos lacera sin pudor y hace que no sepamos muy bien donde estamos, adonde vamos y si realmente tiene sentido exponerse a las inclemencias y a los elementos.
¡Pero cuan ciego es nuestro instinto de supervivencia, que aún ciegos, magullados y atontados no guía! Nosotros obsesionados con la velocidad y nuestro cuerpo recomponiéndose de y a base de pedazos, nuestros, prestados, reparados o rotos, de saldo… ¡Pero qué dolor cuando nuestras fuerzas no son nuestras y nuestro propio cuerpo saca los banderines blancos para preparar la rendición! ¡Sólo la voluntad, dura generala, puede hacer volver a todos los soldados heridos, tristes, tumefactos a sus puestos y hacer que volvamos a ser personas (o algo parecido).