T. (II)
Con T. aprendí muchas cosas y volví a descubrir lujos que hacia tiempo no practicaba. Con él pase muchos momentos agradables en las suites de lujo del Hotel Palace y en otros hoteles de cinco estrellas superior. Recordé que hay habitaciones más grandes que casa y siete almohadas para elegir el mejor de los sueños posibles y camas King Size, formato americano en Madrid. Redescubrí la de puertas que habré tener una tarjeta de crédito superior a la visa platino y lo bien que se viaja en primera clase.
También me di cuenta que de que el crédito ilimitado puede y suele acarrear deudas ilimitadas y que todos los lujos del mundo valen de poco si hay que gozarlos a escondidas, que las habitaciones equipadas con todos los gadgets de Bang & Olufsen y su cama gigante y sus siete almohadas valen poco cuando no tienes con quien compartirlas. Que cuando un viaje es una tapadera para poder ser libre, eso quiere decir que el resto del tiempo no eres tan libre.
Comprendí porque mis clientes necesitaban recurrir a mí. Necesitaban que otros ojos vieran todo lo que podían pagar, hasta donde podían despilfarrar. Necesitaban la complicidad de alguien, como yo necesito gritar que he vivido, estuve allí y lo que es mejor, hoy estoy aquí y me apetece contároslo…
Yo seré cien cronopios
Yo seré cien cronopios que canten al unísono y no dejen dormir a los famas ni a los esperanzas. Bailaré tregua y bailaré catala. Y en mi camino trataré de ayudar a los otros cronopios.
Porque cuando los cronopios cantan sus canciones preferidas, se entusiasman de tal manera que con frecuencia se dejan atropellar por camiones y ciclistas, se caen por la ventana, y pierden lo que llevaban en los bolsillos y hasta la cuenta de los días.