Defensa apasionada del español
Desde luego, actualmente la lengua y la gramática están muy mal valoradas y por doquier son desprestigiadas. No obstante hemos de recordar que escribir con propiedad es una condición sine qua non para pensar con propiedad.
Tal vez algunos usaran la excusa de la rapidez de las comunicaciones, que nos obliga a escribir con rapidez, o el deseo de no poner cortapisas a la creatividad individual para fomentar el mal uso de nuestra lengua. También los medios de comunicación de masas incurren en graves errores que se propagan a velocidades supersónicas. No por ello, hemos de dejarnos llevar por estos usos indebidos de la lengua, pues como sabéis, mal de muchos, consuelo de tontos.
El español pertenece al grupo de las lenguas internacionales junto al inglés, es alemán, el chino y el árabe, y es la cuarta legua materna y la segunda más aprendida como lengua de relación. Así pues el español ya no habla de una nación o cultura, sino que es una lengua plurinacional y pluricultural que precisamente permite el intercambio entre más de cuatrocientos millones de hablantes. Pese a todo esto, muy pocos hispanohablantes sienten gran fidelidad por su lengua materna. Sobre todo por desconocimiento o por darle más categoría a otras lenguas, como el inglés.
Un uso absurdamente extendido el de usar el masculino y el femenino o, aún peor, usar la arroba para hablar de la generalidad de hablantes sin hacer distinción de sexo. Este uso tan bien visto desde ciertos sectores de la política o profetas de la modernidad per se es aberrante y contraviene la norma de economía de la propia lengua. De toda la vida cuando se ha querido a hablar un grupo se ha usado el masculino con un significado generalizador. Ya en el colegio cuando el profesor pedía a los alumnos sus deberes, ninguna alumna sintió discriminada ni dejo por ello de hacer caso al profesor. Por lo tanto, ya adultos, no veo sentido que políticos o sindicalistas, cuando quieran llamar nuestra atención nos llamen ciudadanos y ciudadanas o simplemente compañer@s. Es más, veo en esos usos un insulto a la inteligencia de cualquier mente bienpensante.
Por ello, hago desde aquí un llamamiento al uso correcto de nuestra lengua, pues aprender las reglas básicas de gramática y puntuación, no es una labor especialmente complicada y reporta grandes beneficios.