L. ( y III)

Mayo 28, 2006 at 0:25 (Amantes, L.)

Desde luego, no todos nuestros encuentros eran en su casa. Muchas veces fuimos juntos a las conferencias que daban en Museo del Prado los sábados por la mañana, otras veces me llevaba a ver exposiciones, sobre todo las inauguraciones del Reina Sofia o salíamos de compras, es decir: saliamos a que me comprara cosas a mí.

También teniamos por costumbre salir a comer a restaurantes finos y elegantes. Solía llevarme al cine, a ver películas que pensaba me podían gustar y, a veces, le acompañaba en alguna visita formal que tenía que hacer y me presentaba como un familiar.

Tenía todo tipo de atenciones para conmigo. Siempre se preocupó mucho por mi forma de vestir y, de vez en cuando, al llegar a su casa encontraba bolsas con pequeñas golosinas de Gucci, Caramelo, Raplh Laurent…

También se preocupaba de evitarme demasiados ratos de ocio, y como en esa época estaba de moda el diseño gráfico me apuntó a un curso de diseño gráfico por ordenador y me compro mi primer 486. Así comencé a ganarme algún sobresueldo con lo trabajitos que me encargaba.

En lo que respecta al sexo, después de los primeros meses, en los que el pudor y la vergüenza me vencían a menudo, la situación comenzó a ser más intensa: muchas veces me esperaba en su casa completamente desnudo y haciamos en amor en la entrada, sin ningún tipo de preambulos; en otras ocasiones en las que el deseo apremiaba, tuvimos que usar los sitios más extraños para dar salida a nuestras ansias.

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